sábado, 27 de diciembre de 2014

Paciencia

Mi amor, no todo es dulce. De lo contrario tendríamos malestar en la boca, el hígado y el estómago. ¿Por dónde comenzar? Por el peligro que no adviertes. Por ejemplo, hace unos días quisiste caminar al borde de una ventana sin reja, que dejaba adelante una altura libre de por lo menos un metro. Podías caerte y como mínimo destaparte la cabeza y te dijimos: No, Violeta. Y te sentó mal el no. Y lloraste y no atendiste explicaciones o abrazos o palabras con amor. Eso querías, caminar por ese borde, y punto. Y aunque traté de entender, tu llanto y terquedad, créeme, me subiste el estrés. 

Hablemos del llanto: imagino que está hecho para alertar y obligar una atención por parte de quien lo escucha, también sirve para incomodar al inactivo o incauto de la situación. Y funciona. A veces lloras porque te quitamos un objeto que te puede hacer daño, porque no te damos lo que quieres, en el momento que quieres... cuando se trata, en otras palabras, de tu voluntad contra la nuestra. Y es normal, lloras de frustración porque tenemos que irnos y tú quieres quedarte, porque evitamos que dañes algo y una explicación no basta, porque quieres de inmediato las cosas (eres bastante impaciente muchachita) y no las puedes tener. Y cuando lloras, lloras durísimo (ya te lo había explicado antes), gritas y te lanzas al suelo. En general tienes muchas libertades, pero existen límites que debes reconocer y peligros que te debemos evitar. Ese es el chip PadresResponsables Inc. 

Hay un escritor que describe así el llanto de un niño:

"...cuyos gritos eran tan regulares como su respiración y duraban tanto que se habían convertido en otra cosa más de la cocina, algo más que era necesario evitar deprisa". Y también: "...la boca abierta y desencajada que de algún modo parecía independiente de los sonidos que emitía".

Tu llanto le pone un toque amargo a ese coctel que es tenerte en nuestras vidas. Nos embriagas de felicidad y también tienes tus sabores amargos, y qué bueno que así sea. No somos peritas en dulce, somos humanos y estamos formando una familia y educándonos mutuamente. 

Te amo, Violeta.

sábado, 22 de noviembre de 2014

En tono gris

Nunca había pasado tantos días distanciado de ti, amor mío. El trabajo ha estado ocupándome la mayor parte del tiempo. En estos momentos todo el peso económico de sostener a tu mami y a ti, recae sobre mí. El dinero apenas alcanza y para pagarlo todo tengo cuatro trabajos. Almita libre, cada día siento que me he perdido alguna experiencia trascendental de tu vida. Creces como palomita de maíz. Estallas. 

Cada día percibes y copias más de tu entorno y eso me tiene un poco gris. Porque no me ves, porque no te veo, porque no aprendemos juntos, porque no jugamos a ser espejos. 

Pasas un día con tu abuelo, que te quiere mucho pero ve posibles accidentes todo el tiempo y por eso no te deja mover con libertad, y entonces aprendes su cautela, su prevención exagerada para actuar. Pasas tiempo con mi mamá –tu abuela–, y te vuelves consentida, vanidosa y también te vuelves un tanto dependiente pues te crea una especie de burbuja llena de atención y consentimiento y no te deja un minuto para que explores sin intervención o precaución. 

Porque ellos no tienen el mismo pacto de crianza y las mismas ideas de nosotros, tus padres, por eso me gustaría estar ahí contigo, todo el tiempo, aprendiendo en grupo, demostrando la independencia y la seguridad y la libertad que queremos para que desarrolles tus capacidades... me preocupa tu alimentación, que tu mamá no haya podido establecer una manera de enseñarte a no estar cargada todo el tiempo para poder trabajar, que pases tanto tiempo mirando televisión, que... ah, cielo mío...

Lo importante, mi amor, es decirte que te extraño... con lo exigente que es estar contigo, con lo bello y con la atención que implica. Hoy he seguido escribiendo la biografía de Cecilia desde la mañana, he subido y bajado escaleras más de cien veces llevando pedidos a los comensales, cargado mesas y asientos gradas arriba gradas abajo, es más de las 2am, pero no quería acostarme a dormir sin decirte que te extraño, que me haces mucha falta, que espero que los ingresos de tu madre y los míos mejoren para poder tener más tiempo junto a ti, que eres el motivo de lanzarme a todos los trabajos, que espero equilibrar mi agenda para compartir más contigo. 

Te amo.

martes, 28 de octubre de 2014

In english please

Por ahora eres un lorito (repites lo que escuchas) (aunque en el fondo vas aprendiendo qué significa cada palabra, y siento cómo te emociona). Aquí están tus primeras palabras en inglés.

sábado, 16 de agosto de 2014

Cien palabras por una imagen

Hoy nos sentamos en la silla mecedora. Primero me senté yo, luego te alcé y senté sobre mí, con tu cabeza justo debajo de mi barbilla, mirando hacia el frente. Empujé la silla con los pies y los levanté del suelo. Comenzó su suave vaivén. La imagen es la siguiente. Bajé la mirada y vi tu cabeza en primer lugar, con tu cabello despeinado y muy negro, cubriendo circularmente la mitad de la imagen. Luego tus pequeños pies, juntos por los empeines, haciendo una cuña entre mis muslos para calentarse. Al final mis pies grandes, descalzos e inmóviles, con el fondo subiendo y bajando al ritmo de la silla. Tu cabeza de cabellos negros, tus pies en mi entrepierna, mis pies y el movimiento de la silla.

Un rato después tu cabeza se ladeó sobre mi pecho: te quedaste dormida. 


martes, 12 de agosto de 2014

Tu primera caminata


Habías cumplido un año. Teníamos, tu madre y yo, una serie de quejas de nuestros familiares porque no caminabas. ¡Por Zeus! Estábamos hasta la coronilla de que colocaran como algo anormal o incluso como si se tratara de una enfermedad el que no caminaras. "¡Tiene un año, ya debería caminar!". Armados de paciencia... no armados... más bien dotados de algodones de paciencia para que no se nos salieran las espinas del enojo, explicábamos que era tu proceso, que no existía una fecha normal para que caminaras, que esperaríamos a cuando tú te sintieras segura...

Ya dabas "solitos" o pequeñas caminatas sin apoyo. ¡Cerrabas los ojos, amor! Jajaja. Como si te fueras a estrellar con algo. Al tiempo te llenabas de emoción y dabas gritos de vértigo al verte dando media docena de pasitos por tu propia cuenta.




Y una mañana, sin que nadie te lo pidiera, decidiste explorar toda la casa erguida y caminando sobre tus pies. Tu mamá y yo callábamos. Queríamos darte ese placer sin barullo que te hiciera sentir rara. Qué alegría fue verte caminar. Y poderte grabar... ni se diga.



Tu abuelo sacó gusto de tu caminado y decidió jugar a la muñequita de cuerda...



Esto (escribir y recordar) es lo que hago cuando no puedo estar contigo. Te llevo siempre en mi pensamiento. (Estoy escribiendo el primer libro de mi carrera como escritor profesional, por eso mi corto aislamiento proentrega). Te amo.

sábado, 2 de agosto de 2014

Dos padres

No quiero decir con esto mi amor que existan en verdad dos padres en mí. Es solo una metáfora de un estado anímico y actitudinal.

Siento a veces dos padres en mí. Uno que está contigo y goza de la vida contigo, sin preocuparse por los minutos o alguna otra cosa que no sea que tú estés bien. El otro se aleja un poco y busca en su cabeza agendar el tiempo para poder cumplir con las tareas que hay por hacer. Tareas propias y tareas económicas para tu sustento y el mío (no dejo de lado a tu mamá, aunque en la frase la palabra madre quede a un lado por las palabras de lado y una separación de espacios... lo reescribiré entonces: para nuestro sustento familiar).

Hay un padre que sale a trabajar contento y confía y espera ver pronto a su hija y ver a los suyos, incluyendo a tu madre, prósperos y en buena salud. Se va de casa pensando que Dios no te pudo haber colocado en mejores manos que las de esta familia. Pero hay otro papá que es más posesivo y ogro y sale a trabajar con entusiasmo pero guardando una mancha oscura de negativismo en su interior, y de alguna u otra forma piensa que te tienen como el niño de la foto de arriba. Como si te fueran a dañar con sus ideas de crianza o disposición actitudinal para contigo.

Me explico. No todos tienen igual disposición o recepción de tu presencia: en casa de tus abuelos eres "una muñeca", en casa de tu abuela eres "una princesa", en manos de otros familiares eres "una bebita hermosa", en manos de tu tío eres "un chiste" bello, en manos de conocidos eres "hola bebecita, ¿cómo tas?". Y te tratan como tal, no es un apodo cariñoso, como te dicen te ven y te tratan, de porcelana si eres muñeca, de ser atendida sin darte un segundo de respiro si eres princesa, como una caricatura de bebé si eres una bebesita hermosa no más.

En nuestra casa, tu mamá y yo te vemos a los ojos, y creo que procuramos observar todo el espíritu que hay dentro de tu cuerpo... Te tratamos como a un espíritu en un cuerpo pequeño. Toda la presencia que emanas la respetamos y te tratamos como a una niña en crecimiento estrictamente en lo físico, porque a tu presencia la tratamos como algo real y proyectado desde tu interior, que no se alcanza a atrapar por tus ropas color pastel y los tratos artificiales o con ideas de "solo es una bebé" en la cabeza. (Fin de la explicación).

Un papá es gozón y el otro medio amargado.
Uno es alegre y confiado, el otro es controlador y ansioso por "tanto hay que hacer".
Uno decide pensar: todos los que están alrededor los escogió Violeta para su existencia, el otro decide tomar una actitud recelosa, proteccionista y sobreprotectora.

Me gusta más el papá feliz. Busco un equilibrio. Así que haz de perdonarme si esto se me olvida alguna vez en el futuro. (Cuando, por ejemplo, comiences a llegar tarde a casa o decidas tener novio o tengas creencias distintas a las mías o decidas usar tu libertad –aunque esto tendrá salvedades, jovencita, jejejeje–. Creo que en el fondo tú te atreverás a cosas que muchos nunca, por el solo hecho de no tener miedo a hacerlo. Si me ves alguna vez con miedo, despabílame. Dime que la intervención no es mi tarea. Que mi única tarea contigo es cumplirla. Mándame a ver a Osho. Déjame el espíritu sano y ve en paz, con la bendición del universo). (Bueno, eso suena hippie-zen, pero si llego a ser asfixiante, ponme a meditar. Quiero hacerlo de la mejor manera, cariño).

Ya me cansé por hoy.
Se despide, tu papá feliz.

sábado, 12 de julio de 2014

¿Un buen padre?


La primera que me habló de eso fue tu tía Luz Marina. Antes de que nacieras, de manera demandante me dijo: "tenés que ser un buen papá".

¿Por dónde se comienza? Pensé.

Yo no espero ser un buen papá o un papá modelo. Yo espero ser tu compañero, nena. Estar presente en los momentos que pase contigo (es decir, estar conectado contigo, cara a cara, corazón a corazón, en el mismo momento y lugar, sin estar pensando en nubes o haciendo las cosas sin habitarlas. Porque hay compañías que solo son de cuerpo presente, mi amor. Eso ya lo reconocerás tú misma). Ambos estaremos aprendiendo el uno del otro. Por eso hablo de compañía. Nunca me graduaré de papá ni tú de hija. Siempre lo estaremos aprendiendo. Y aprenderemos que el título no vale. Vale lo compartido, vale lo solidario, vale la comprensión, valen las enseñanzas mutuas, vale "dejar ser", vale vivir, eso es. Ser buen padre, es un asunto relativo, dependiendo de quien lo juzga, del momento, de la moral, de los ideales. Eso pienso ahora.

Anoche me acerqué a ti mientras bebías leche de tu mamá. Te besé, te apreté los bracitos con mis grandes manos. Cerré los ojos de la felicidad por sentirte, suave, viva, conmigo, y de pronto surgió de mí, de un centro profundo, esta frase: "no dejaré que te falte nada... me exigiré más para que lo tengas todo". 

¿Sabes? Lo entendí. Entendí por qué muchos padres se sacrifican en trabajos por una estabilidad económica y por adquirir solvencia para dar. Puede ser tan real esa frase. "No dejaré que te falte nunca nada". Puede sentirse como un significado de verdadero amor. Puede sentirse como un instinto de padre amoroso. Aunque, un minuto después, te confieso ya no confié tanto en la frase. Ya la viví y la he visto. De eso no se trata. Ya te diré de qué se trata. Pero antes, te digo que logré entender a aquellos padres, que son de una generación anterior. Una vez que crecieron en medio de carencias (el estrato medio en Colombia no era tan poblado antes, mi amor. Solo había o muy pobres o muy ricos. La franja de la mitad solo comenzó a engrosarse hace unos 50 años. La gente sacó berraquera y aprovechó oportunidades para "salir adelante" y procurarse entradas de dinero y privilegios que nunca tuvieron. Lo hicieron trabajando duro, procurándose extras, estudiando de forma nocturna, doblándose en turnos y trabajos, montando pequeños negocios que dieran un poco más de rentabilidad a sus ingresos) decidieron evitar a toda costa que sus hijos las pasaran. A toda costa fue una vida dedicada al "progreso". A dejar a los chicos en manos de guarderías y colegios, y dedicar los domingos y uno que otro rato libre para la familia. Toda una generación creció así. En un ciclo de noches donde se reunía la familia a cenar frente a la tele; madrugadas para ir al trabajo y al colegio, y domingos para "descansar" juntos.

No juzgo a esos padres. Porque como te digo, es casi un sentimiento eso de "progresar" y el "que no falte nunca nada".

Yo no creo en eso, ¿sabes? Creo en una mejor balanza. En un equilibrio entre el trabajo para "tener y subsistir" y el compartir juntos. La vida es muy corta para perseguir ciegamente una zanahoria amarrada a un metro de tu cabeza. Espero lograr aquello. Que tendamos a algo más natural (hablando de nuestro ser animal) que eso. Me gusta el zorro. Es un buen padre de la naturaleza. Juega y cuida a su cachorro y le da enseñanzas de lo que puede necesitar más adelante para su propio sustento y para su bienestar. A la final, creo que dejar toda la enseñanza a un colegio o guardería, donde cada vez las horas de estadía son más largas (ahora entran a las 7am salen tipo 3 o 4pm), y donde enseñan cosas que para la vida, querida hija y compañerita, resultan francamente inútiles. La educación no es la mejor hoy en día. Procurarse una buena, algo con cánones distintos, evolucionados, requiere más dinero. Pero querida niña, que estudies en un colegio así, o que estudies en casa, o lo que deba ser, se dará en el camino. Por ahora, seguiré acompañándote. 


Te amo.


domingo, 6 de julio de 2014

El mundo que te tocó (tu primera película en cine)


Hoy viste tu primera película en cine. Literalmente: la viste. A otras ibas a dormir o a distraer a los otros espectadores con tus sonrisas y tu búsqueda de juego. A esta le prestaste atención de inicio a fin. El título: Maleficent (en español Maléfica).

Amor, entro a escribirte un mensaje corto: te tocó un mundo mejor. Con realizadores más despiertos, con una línea más humana y comprensiva. Mira. A mí me tocó ver la película en dibujos animados, la de la derecha. Una farsa con la que creció mucha gente de mi generación. Donde el amor verdadero se da con la primera mirada y no es una construcción de años, donde un príncipe azul lo resuelve todo, donde el mundo está dividido entre buenos y malos, y no es una escala de grises y momentos y decisiones.

No te contaré la película. Tendrás que verla tú misma, cuando tengas la capacidad para recordar y para conversar de ello conmigo. Solo te digo, que me entusiasma que las películas de Disney sean menos obtusas, menos ingenuas, con triz de mayor verdad. Quizá el mundo sea mejor si tú y otros niños crecen con otras ideas en la cabeza y esperan, en lugar de un beso de un extraño príncipe cari-bonito, el beso de su verdadero amor: su madre (o su hermana en el caso de Frozen). Duerme, querida Violeta. El mundo es un poco mejor ahora que estás tú. Ahora que llegó tu generación.

sábado, 14 de junio de 2014

Un año



Así como lo ves. Tus papás radiantes a nivel Chernóbil o Japón (accidentes en silos nucleares donde hubo derrame de sustancias radiactivas en el ambiente llegando a cubrir kilómetros y kilómetros que afectaron negativamente todo a la redonda; salvo, claro, que nosotros sentimos que nuestras sonrisas afectan positivamente todo nuestro alrededor. El núcleo de uranio enriquecido, princesa, ese núcleo eres tú. Nosotros somos las sonrisas-ondas radiactivas de alta frecuencia arrolladora. Hasta en el MIO, un bus azul repleto de gente en un calor mezclado de olores raros y batidos de licuadora entre paradas secas y curvas mal tomadas, tú afectas a la gente alrededor, buscándole una sonrisa o mirándolos fijamente, con interés auténtico y seguro, y todo el mundo termina comentando tu carisma, te busca juego y tu concedes en actitud risueña -eso cuando te dejan la iniciativa, de lo contrario, si te buscan juego de la nada, sospechas con una mirada inteligente y escrutadora, jejejeje-) (Sigo.) Tú eres la que menos entiendes de toda esta algarabía alrededor tuyo, pero está bien. Estamos todos locos por tu cumpleaños. Tu familia te ama y te organiza estas cosas para demostrarte que están felices de que el sol haya girado trescientos sesenta y cinco días, y tú nos hayas acompañado durante ese tiempo. 

Ha sido maravilloso, amor mío. Yo estuve un poco asustado pues recientemente se disolvió la relación entre tu mamá y yo. Cosas naturales, amor. Seguimos siendo amigos ella y yo, y padres unidos para organizar el cerebro, hígado, estómago y corazón de tu crianza. Tu mamá dijo unas palabras muy bonitas que terminaban: "...para que Violeta se mantenga feliz". De eso se trata tu cumpleaños, mi amor, y cada día. De que seas feliz en esta frecuencia, en este planeta, en esta ciudad, a nuestro cargo. Te amo, Violeta. Feliz cumpleaños.

jueves, 6 de marzo de 2014

La velocidad, el tiempo y tú (última parte)

Por un momento, por pensar en la responsabilidad que representabas, dije: requerirá de mucho tiempo. Tu alimentación, tus cuidados, mi trabajo, mi estudio, el baile, la escritura, la lectura, la diversión, la relajación, el descanso. Ser padre será una ardua tarea. Y lo es.

Sin embargo, entendí que tenerte a ti significa aprender a ser veloz. Preparar almuerzo en 45 minutos (todo: jugo, seco, sopa). Aprovechar tus siestas para hacer aseo. Aprovechar las madrugadas para alistar la comida del día siguiente, lavar teteros, organizar la vajilla sucia, acomodar tareas y trabajos. Ya no da espera a la laxitud (es decir al desgano, a la lentitud, a aplazar las cosas para otro rato). El ya, el presente, el momento es ahora.

A veces, esta velocidad me azara el espíritu. Cuestión de costumbre. Y ahora que me estoy acostumbrando, con sacrificio de sueño, de siestas, de amistades, de platos de comida, pues noto que se puede hacer malabares con ese tiempo escaso, con esas pocas 24 horas del día. Ha sido una tarea de esfuerzo. Pero te tenemos en casa y no en una guardería, si te cuidan, te cuida gente que te quiere, y no más de seis horas, porque ya llegaste un día a casa muy triste, buscándonos, y tuviste sueños en que gemías con desconsuelo... porque ya nos extrañas, y te lanzas a abrazarnos, y detectas nuestra ausencia y nos reconoces con amor y como una fuente de seguridad. La pasas muy bueno con la baraja de abuelos de tu familia paterna y materna, sin embargo, te hacemos una falta... tan bella que sos, risueña japonesa, Pucca de mi vida.

Estoy entendiendo esto de la velocidad para arreglar casa, hacerte sopa de verduras a media noche, lavar y pringar teteros, escribir, organizar el cuarto y ver, contemplar, sin tiempo que azare o empuje mi voluntad, tu sueño plácido junto a la espalda desnuda de tu madre.

Cómo las amo.

Nota: ella es Pucca, por cierto.



La velocidad, el tiempo y tú (segunda parte)

Así fue, Violeta, que me hice más consciente de que el tiempo de reloj no es el tiempo de vida. Ya lo intuía, ya había tenido muchos registros, pero esta vez no lo olvidaría. Se quedaría para siempre, que el tiempo se vuelve relativo de acuerdo a nuestra atención sobre el presente. Y claro, cuando estamos contemplativos, le prestamos tal atención al presente, que detenerse en el transitar de una mariquita por unos minutos, puede tornarse en una sensación de horas. Y cuando estamos felices, en ocasiones sentimos tan intensamente la emoción, que dejamos pasar tantos detalles del presente, que entonces el tiempo se fuga como si fuese más rápido. Y cuando estamos molestos, aburridos o tristes, pues ocurre que vivimos tan fatigantemente nuestra emoción, que nos congela el tiempo, y lo sentimos transcurrir denso, porque no pasa nada, nos dicta la emoción.

El tiempo de reloj, descubrí, como quien se da cuenta que está respirando, es solo un acuerdo social y latiga cuando se vive apenas con ese tiempo. Cuando la contemplación ya no se permite en el agite de la posmodernidad. Bueno, etc, etc. Esto es filosófico y no quiero agobiarte... aún, con las ideas abstractas y las nociones pactadas entre los hombres para establecer una realidad común.

En todo caso, ese día, esos días de contemplarte sin tiempo, me dieron una sensación de vida larga que nunca había experimentado. La elasticidad del tiempo: una ecuación con un factor mental y otro de acciones, que dan como resultado una sensación de tiempo fija, dividida, digamos, por la intensidad de luz del día. ¡Una nueva fórmula! (Claro, de valores subjetivos y no cuantificables, sirve apenas como una noción organizada para formular un estado mental de una persona).

Y entonces... (Continuará, última parte).

La velocidad, el tiempo y tú (primera parte)

Una tarde, mientras tu mamá trabajaba como profe de francés, fuimos a dar un paseo por la ciudad. Tenías apenas tres meses y dormías cómoda en movimiento, es decir, mientras te sostenía en brazos y caminaba. De otra manera, aullabas en llanto. Recuerdo que recorrí calles de Cali que nunca antes había pisado. Subí contigo en brazos por la Av. La Estación hasta llegar a Santa Mónica, unas casas grandes, de máximo dos pisos, sobre unos terrenos amplios. Después tomé la carretera hacia Santa Mónica hasta toparme con unas gradas... El ruido de la ciudad, de la Av. Sexta, de su tropel de oficinas, quedó atrás de nosotros, Violeta. Y tú dormías profunda sobre mi pecho, mecida por mis pasos y sujetada por el cargador de tiras de reata y pañal de tela.

Trepamos esas gradas de Santa Mónica, rumbo a una loma desconocida, de casas de una estratificación más alta. Los árboles crecían con más frondosidad, libertad y número. Se escuchaban los pajaros, de toda clase, no soy biólogo, pero te digo que era como escuchar tenores, vendedores ambulantes, pequeños niños y cantantes líricos de todas las tonalidades. Excepto que este era un ruido armónico de pájaros. Sentí tu respiración sosegada y el viento más fresco. Caminé sintiéndome acompañado por las raíces de los árboles, por el viento entre las hojas, por la música ténue que salía de algunos balcones, y de vez en cuando uno que otro carro lujoso.

Tu mami terminaba a las seis de trabajar. Sería la hora de tu cena, de tu teta. (Hoy, en tus diez meses, ya la nombras, teta, tetí, teta, y nos enternece hasta las tripas tu voz y la claridad que poco a poco adquieres en la dicción). Mientras tanto debía distraer tu hambre procurándote un sueño de al menos tres horas. Te digo: sentí la intensidad del momento de tal forma, que creí que había pasado mucho, por todas la cosas que mi cuerpo había sentido. Si calculara el tiempo por las acciones, viví durante ese rato más de tres horas. Sin embargo, cuando me cansé de deambular entre edificios sellados, y la soledad de las calles y regresé a la ciudad, augurando que el tiempo de reloj había dejado que sus manecillas giraran con rapidez.... habíamos pasado apenas hora y media de reloj.

Tú, quizá, en tu sueño, habías vivido un parpadeo... (continuará).

domingo, 2 de marzo de 2014

10 meses



Ríes con dos diminutas ferocidades, te sostienes como equilibrista, por unos segundos, sobre tus dos pies, dices papapá, mamamá y tetí-tetí para pedir teta, rechazas claramente lo que te disgusta, te encanta jugar con agua, estás aprendiendo a usar tus deditos como pinzas para agarrar las cosas pequeñas, papelitos, arroces, trocitos de vegetal de las ensaladas, aunque te enojas cuando se te dificulta mucho y entonces sacudes con tus manos aquello que no pudiste agarrar para desaparecerlo de vista por un rato... luego insistes.

Creces a prisa. Pesas 8 kilos. Eres muy sociable y dinámica. Estás enamorada de tu papá aunque se esté quedando calvo. De hecho juegas con los pelitos que encuentras en el piso de la sala, que son pelos caídos por la irrefrenable calvicie genética de papá. Ya estamos creando las tarjeticas con tus primeras palabras, para que aprendas a leer prontamente. Te encanta dormir arrullada en mis brazos, te sientes segura. Pero no te gusta que toque a tu mamá cuando estás alimentándote. Me quitas las manos de su piel. Ya aprendiste a no halarme los vellos de las piernas, así que ahora te sostienes de mis pantorrillas, mientras cocino o lavo platos, con las palmas abiertas como si te apoyaras de la pared (antes te agarrabas de los vellitos, como quien se agarra de una cobija para trepar, lo que me hacía maldecir en voz alta). Reconoces cuando se te dice que no y dices 'no' con tu cabecita, lo que se ha vuelto un juego entre nosotros los adultos y tú. Tú a que no, nosotros que sí.

Sonríes pleno en las mañanas cuando amanemos junto a ti. Es un espejo de la felicidad que nos da amanecer contigo, a pesar de que no nos dejaste dormir nada bien en la madrugada. ¡Ja! Te amo Violeta. Ayer bailaste tango entre tu mamita y yo. Y las sentí totalmente conmigo. Hoy se ha cumplido otro ciclo mensual en tu estadía en la Tierra. Bendita seas siempre, mi amor.