Ríes con dos diminutas ferocidades, te sostienes como equilibrista, por unos segundos, sobre tus dos pies, dices papapá, mamamá y tetí-tetí para pedir teta, rechazas claramente lo que te disgusta, te encanta jugar con agua, estás aprendiendo a usar tus deditos como pinzas para agarrar las cosas pequeñas, papelitos, arroces, trocitos de vegetal de las ensaladas, aunque te enojas cuando se te dificulta mucho y entonces sacudes con tus manos aquello que no pudiste agarrar para desaparecerlo de vista por un rato... luego insistes.
Creces a prisa. Pesas 8 kilos. Eres muy sociable y dinámica. Estás enamorada de tu papá aunque se esté quedando calvo. De hecho juegas con los pelitos que encuentras en el piso de la sala, que son pelos caídos por la irrefrenable calvicie genética de papá. Ya estamos creando las tarjeticas con tus primeras palabras, para que aprendas a leer prontamente. Te encanta dormir arrullada en mis brazos, te sientes segura. Pero no te gusta que toque a tu mamá cuando estás alimentándote. Me quitas las manos de su piel. Ya aprendiste a no halarme los vellos de las piernas, así que ahora te sostienes de mis pantorrillas, mientras cocino o lavo platos, con las palmas abiertas como si te apoyaras de la pared (antes te agarrabas de los vellitos, como quien se agarra de una cobija para trepar, lo que me hacía maldecir en voz alta). Reconoces cuando se te dice que no y dices 'no' con tu cabecita, lo que se ha vuelto un juego entre nosotros los adultos y tú. Tú a que no, nosotros que sí.
Sonríes pleno en las mañanas cuando amanemos junto a ti. Es un espejo de la felicidad que nos da amanecer contigo, a pesar de que no nos dejaste dormir nada bien en la madrugada. ¡Ja! Te amo Violeta. Ayer bailaste tango entre tu mamita y yo. Y las sentí totalmente conmigo. Hoy se ha cumplido otro ciclo mensual en tu estadía en la Tierra. Bendita seas siempre, mi amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario