a veces me sorprende.
Me pregunto si tanto amar es bueno.
Si estar dispuesto a desprender la carne a pedazos
la carne propia, la carne ajena,
si es necesario,
es el principio animal del que ahora soy testigo
y se vuelve natural sobre mis huesos.
Y esa potencia responde por mí
y no soy yo el que duda de darlo todo
sino una vaga noción de cordura.
Temo la muerte como nunca le llegué a temer.
Temo heredarte la soledad
Temo dejarte sin la seguridad
de mi abrazo ante, por ejemplo,
el temblor aéreo de un trueno.
Huelo a hojas de menta. A menta altiva.
Menta creciendo en mis balcones de piedra.
Menta saliendo de mi respiración.
Verde menta sobre mis ojos de miel
observando los tuyos de tierra viva.
Y aunque tu suavidad no deja huella
extraño tu pisada en mis mejillas,
en mi boca, en mi mentón,
en los surcos de las yemas de mis dedos.
Ansío verte jugar con el chorro de agua
que cae sobre tu ombligo,
sentir el filo de tus uñas en mi cara.
Saber que anidas mi abrazo
y escondes tus ojos bajo mi cuello
para mejor dormir.
Mi fuerza ha encontrado un sentido
como la muralla se yergue sólida
para la enredadera
como el bambú arrulla
el estrecho abrazo del koala
como el roble macizo aloja aves de invierno.
Algunas tardes tu cara hace nido
en mi pecho para dormir serena
sobre el fuelle feliz de mi respiración.
Tantos detalles que estremecen.
Tanta novedad en mí, tan parecida
a como tú recibes por vez primera
cada detalle y sabor del mundo.
La diferencia:
yo lo recibo desde adentro
tú todo lo estrenas por completo.
Me siento inundado de tranquila potencia.
Siento mi interior ancho y limpio
como el parqué pulido
de una mansión vacía.
Siento tus sonidos revoloteando
por los pasillos de mis venas.
Veo el color de tus prendas
reviviendo el cristalino.
Veo tu sonrisa sin dientes
halándome la alegría
haciéndomela vomitar hasta las arrugas sobre las mejillas
hasta el maravilloso dolor abdominal de tanta risa.
En mi corazón tengo tus ojos atentos,
Inteligentes y hialinos...
Son, desde la cima de mi altura,
un paisaje profundo, inagotable.
Brilla la vida, mi mousse de vainilla
Mi pedacito de sol.
Adorno mis habitaciones
con animales de peluche
con animales domésticos
con edredones y espumas
y todo lo entibia la ternura de tus rayos
recién nacidos.
Tu cara, Violeta, asoma a mi ventana:
chisporrotea de energía, cantos y sonrisas
en el nuevo universo de mi corazón.

Más allá todos los umbrales conocidos
ResponderEliminarde todas las barreras propias,
siento que estreno rincones
adonde el sol no llegaba.
Nuevas ventanas aparecen en mi interior
con luz de tarde fresca y ventilada,
siento limpieza y aromas vegetales
en el estreno de este sentimiento.
No solo he descubierto habitaciones nuevas
en mi corazón, sino que tengo la casa
por dentro, recién pintada.