miércoles, 16 de octubre de 2013

Susto

El lunes nos tocó una fuerte tormenta en los pasillos del Liceo Francés. Tú, después de una rabieta porque no podías dormir, pero no te dabas cuenta que tu propio llanto te lo impedía, finalmente habías caído al sueño y yacías profunda, mientras la lluvia aumentaba en fuerza y los truenos elevaban su volumen. El cielo estaba gris, no se veían relámpagos. Tu madre estaba ensayando para la obra, junto a tus padrinos. Tú y yo estábamos afuera, como ya dije. Trataba de leer junto a tu cuna, cuando un rayo se hizo visible y el trueno que desató fue fuertísimo. Te despertaste asustada y llorando. Me levanté de inmediato para auxiliarte. Me dio tanta mezcla de ternura y pesar tu carita, que te abracé fuertísimo para que supieras que todo estaba bien. Sentí un campo eléctrico sobre mi cuerpo como si se tratara de una burbuja. Te calmaste de inmediato, cuando recosté tu carita sobre mi hombro. Y busqué un salón, porque la lluvia no amainaba y se hacía más fuerte. Adentro el sonido de la lluvia se atenuaba y seguiste durmiendo sobre mi hombro. Me gustó estar para ti. Me gusta estar para ti.

Estos días no te tengo, y a veces me detengo y pienso lo que me pierdo de tu vida estando lejos. Pero continúo haciendo mis labores porque al fin y al cabo estoy logrando esto para que estemos mejor. Te amo mucho, Violetica. Te extraño.


No hay comentarios:

Publicar un comentario