Mi amor, no todo es dulce. De lo contrario tendríamos malestar en la boca, el hígado y el estómago. ¿Por dónde comenzar? Por el peligro que no adviertes. Por ejemplo, hace unos días quisiste caminar al borde de una ventana sin reja, que dejaba adelante una altura libre de por lo menos un metro. Podías caerte y como mínimo destaparte la cabeza y te dijimos: No, Violeta. Y te sentó mal el no. Y lloraste y no atendiste explicaciones o abrazos o palabras con amor. Eso querías, caminar por ese borde, y punto. Y aunque traté de entender, tu llanto y terquedad, créeme, me subiste el estrés.
Hablemos del llanto: imagino que está hecho para alertar y obligar una atención por parte de quien lo escucha, también sirve para incomodar al inactivo o incauto de la situación. Y funciona. A veces lloras porque te quitamos un objeto que te puede hacer daño, porque no te damos lo que quieres, en el momento que quieres... cuando se trata, en otras palabras, de tu voluntad contra la nuestra. Y es normal, lloras de frustración porque tenemos que irnos y tú quieres quedarte, porque evitamos que dañes algo y una explicación no basta, porque quieres de inmediato las cosas (eres bastante impaciente muchachita) y no las puedes tener. Y cuando lloras, lloras durísimo (ya te lo había explicado antes), gritas y te lanzas al suelo. En general tienes muchas libertades, pero existen límites que debes reconocer y peligros que te debemos evitar. Ese es el chip PadresResponsables Inc.
Hay un escritor que describe así el llanto de un niño:
"...cuyos gritos eran tan regulares como su respiración y duraban tanto que se habían convertido en otra cosa más de la cocina, algo más que era necesario evitar deprisa". Y también: "...la boca abierta y desencajada que de algún modo parecía independiente de los sonidos que emitía".
Tu llanto le pone un toque amargo a ese coctel que es tenerte en nuestras vidas. Nos embriagas de felicidad y también tienes tus sabores amargos, y qué bueno que así sea. No somos peritas en dulce, somos humanos y estamos formando una familia y educándonos mutuamente.
Te amo, Violeta.
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