sábado, 16 de agosto de 2014

Cien palabras por una imagen

Hoy nos sentamos en la silla mecedora. Primero me senté yo, luego te alcé y senté sobre mí, con tu cabeza justo debajo de mi barbilla, mirando hacia el frente. Empujé la silla con los pies y los levanté del suelo. Comenzó su suave vaivén. La imagen es la siguiente. Bajé la mirada y vi tu cabeza en primer lugar, con tu cabello despeinado y muy negro, cubriendo circularmente la mitad de la imagen. Luego tus pequeños pies, juntos por los empeines, haciendo una cuña entre mis muslos para calentarse. Al final mis pies grandes, descalzos e inmóviles, con el fondo subiendo y bajando al ritmo de la silla. Tu cabeza de cabellos negros, tus pies en mi entrepierna, mis pies y el movimiento de la silla.

Un rato después tu cabeza se ladeó sobre mi pecho: te quedaste dormida. 


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