La primera que me habló de eso fue tu tía Luz Marina. Antes de que nacieras, de manera demandante me dijo: "tenés que ser un buen papá".
¿Por dónde se comienza? Pensé.
¿Por dónde se comienza? Pensé.
Yo no espero ser un buen papá o un papá modelo. Yo espero ser tu compañero, nena. Estar presente en los momentos que pase contigo (es decir, estar conectado contigo, cara a cara, corazón a corazón, en el mismo momento y lugar, sin estar pensando en nubes o haciendo las cosas sin habitarlas. Porque hay compañías que solo son de cuerpo presente, mi amor. Eso ya lo reconocerás tú misma). Ambos estaremos aprendiendo el uno del otro. Por eso hablo de compañía. Nunca me graduaré de papá ni tú de hija. Siempre lo estaremos aprendiendo. Y aprenderemos que el título no vale. Vale lo compartido, vale lo solidario, vale la comprensión, valen las enseñanzas mutuas, vale "dejar ser", vale vivir, eso es. Ser buen padre, es un asunto relativo, dependiendo de quien lo juzga, del momento, de la moral, de los ideales. Eso pienso ahora.
Anoche me acerqué a ti mientras bebías leche de tu mamá. Te besé, te apreté los bracitos con mis grandes manos. Cerré los ojos de la felicidad por sentirte, suave, viva, conmigo, y de pronto surgió de mí, de un centro profundo, esta frase: "no dejaré que te falte nada... me exigiré más para que lo tengas todo".
¿Sabes? Lo entendí. Entendí por qué muchos padres se sacrifican en trabajos por una estabilidad económica y por adquirir solvencia para dar. Puede ser tan real esa frase. "No dejaré que te falte nunca nada". Puede sentirse como un significado de verdadero amor. Puede sentirse como un instinto de padre amoroso. Aunque, un minuto después, te confieso ya no confié tanto en la frase. Ya la viví y la he visto. De eso no se trata. Ya te diré de qué se trata. Pero antes, te digo que logré entender a aquellos padres, que son de una generación anterior. Una vez que crecieron en medio de carencias (el estrato medio en Colombia no era tan poblado antes, mi amor. Solo había o muy pobres o muy ricos. La franja de la mitad solo comenzó a engrosarse hace unos 50 años. La gente sacó berraquera y aprovechó oportunidades para "salir adelante" y procurarse entradas de dinero y privilegios que nunca tuvieron. Lo hicieron trabajando duro, procurándose extras, estudiando de forma nocturna, doblándose en turnos y trabajos, montando pequeños negocios que dieran un poco más de rentabilidad a sus ingresos) decidieron evitar a toda costa que sus hijos las pasaran. A toda costa fue una vida dedicada al "progreso". A dejar a los chicos en manos de guarderías y colegios, y dedicar los domingos y uno que otro rato libre para la familia. Toda una generación creció así. En un ciclo de noches donde se reunía la familia a cenar frente a la tele; madrugadas para ir al trabajo y al colegio, y domingos para "descansar" juntos.
No juzgo a esos padres. Porque como te digo, es casi un sentimiento eso de "progresar" y el "que no falte nunca nada".
Yo no creo en eso, ¿sabes? Creo en una mejor balanza. En un equilibrio entre el trabajo para "tener y subsistir" y el compartir juntos. La vida es muy corta para perseguir ciegamente una zanahoria amarrada a un metro de tu cabeza. Espero lograr aquello. Que tendamos a algo más natural (hablando de nuestro ser animal) que eso. Me gusta el zorro. Es un buen padre de la naturaleza. Juega y cuida a su cachorro y le da enseñanzas de lo que puede necesitar más adelante para su propio sustento y para su bienestar. A la final, creo que dejar toda la enseñanza a un colegio o guardería, donde cada vez las horas de estadía son más largas (ahora entran a las 7am salen tipo 3 o 4pm), y donde enseñan cosas que para la vida, querida hija y compañerita, resultan francamente inútiles. La educación no es la mejor hoy en día. Procurarse una buena, algo con cánones distintos, evolucionados, requiere más dinero. Pero querida niña, que estudies en un colegio así, o que estudies en casa, o lo que deba ser, se dará en el camino. Por ahora, seguiré acompañándote.
Te amo.


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