jueves, 17 de octubre de 2013

(La indescriptible novedad)

La potencia del sentimiento que me habita
a veces me sorprende.
Me pregunto si tanto amar es bueno.

Si estar dispuesto a desprender la carne a pedazos
la carne propia, la carne ajena,
si es necesario,
es el principio animal del que ahora soy testigo
y se vuelve natural sobre mis huesos.

Y esa potencia responde por mí
y no soy yo el que duda de darlo todo
sino una vaga noción de cordura.

Temo la muerte como nunca le llegué a temer.
Temo heredarte la soledad
Temo dejarte sin la seguridad
de mi abrazo ante, por ejemplo,
el temblor aéreo de un trueno.

Huelo a hojas de menta. A menta altiva.
Menta creciendo en mis balcones de piedra.
Menta saliendo de mi respiración.
Verde menta sobre mis ojos de miel
observando los tuyos de tierra viva.

Y aunque tu suavidad no deja huella
extraño tu pisada en mis mejillas,
en mi boca, en mi mentón,
en los surcos de las yemas de mis dedos.

Ansío verte jugar con el chorro de agua
que cae sobre tu ombligo,
sentir el filo de tus uñas en mi cara.
Saber que anidas mi abrazo
y escondes tus ojos bajo mi cuello
para mejor dormir.

Mi fuerza ha encontrado un sentido
como la muralla se yergue sólida
para la enredadera
como el bambú arrulla
el estrecho abrazo del koala
como el roble macizo aloja aves de invierno.
Algunas tardes tu cara hace nido
en mi pecho para dormir serena
sobre el fuelle feliz de mi respiración.

Tantos detalles que estremecen.
Tanta novedad en mí, tan parecida
a como tú recibes por vez primera
cada detalle y sabor del mundo.
La diferencia:
yo lo recibo desde adentro
tú todo lo estrenas por completo.

Me siento inundado de tranquila potencia.
Siento mi interior ancho y limpio
como el parqué pulido
de una mansión vacía.

Siento tus sonidos revoloteando
por los pasillos de mis venas.
Veo el color de tus prendas
reviviendo el cristalino.
Veo tu sonrisa sin dientes
halándome la alegría
haciéndomela vomitar hasta las arrugas sobre las mejillas
hasta el maravilloso dolor abdominal de tanta risa.

En mi corazón tengo tus ojos atentos,
Inteligentes y hialinos...
Son, desde la cima de mi altura,
un paisaje profundo, inagotable.
Brilla la vida, mi mousse de vainilla
Mi pedacito de sol.

Adorno mis habitaciones
con animales de peluche
con animales domésticos
con edredones y espumas
y todo lo entibia la ternura de tus rayos
recién nacidos.

Tu cara, Violeta, asoma a mi ventana:
chisporrotea de energía, cantos y sonrisas
en el nuevo universo de mi corazón.


miércoles, 16 de octubre de 2013

Susto

El lunes nos tocó una fuerte tormenta en los pasillos del Liceo Francés. Tú, después de una rabieta porque no podías dormir, pero no te dabas cuenta que tu propio llanto te lo impedía, finalmente habías caído al sueño y yacías profunda, mientras la lluvia aumentaba en fuerza y los truenos elevaban su volumen. El cielo estaba gris, no se veían relámpagos. Tu madre estaba ensayando para la obra, junto a tus padrinos. Tú y yo estábamos afuera, como ya dije. Trataba de leer junto a tu cuna, cuando un rayo se hizo visible y el trueno que desató fue fuertísimo. Te despertaste asustada y llorando. Me levanté de inmediato para auxiliarte. Me dio tanta mezcla de ternura y pesar tu carita, que te abracé fuertísimo para que supieras que todo estaba bien. Sentí un campo eléctrico sobre mi cuerpo como si se tratara de una burbuja. Te calmaste de inmediato, cuando recosté tu carita sobre mi hombro. Y busqué un salón, porque la lluvia no amainaba y se hacía más fuerte. Adentro el sonido de la lluvia se atenuaba y seguiste durmiendo sobre mi hombro. Me gustó estar para ti. Me gusta estar para ti.

Estos días no te tengo, y a veces me detengo y pienso lo que me pierdo de tu vida estando lejos. Pero continúo haciendo mis labores porque al fin y al cabo estoy logrando esto para que estemos mejor. Te amo mucho, Violetica. Te extraño.


jueves, 26 de septiembre de 2013

La tontería de tus padres, tu bautismo.

Bautizarte, mi amor. Esa decisión nos está saliendo carísima (monetariamente hablando). ¿Sabes en qué se basó, mi vida, la decisión de bautizarte? En el miedo, la superstición y la ingenuidad...si es que no son sinónimas éstas dos. 

Mira: una señora fue a "limpiar las energías" del apartamento de tus abuelos, donde has vivido hasta hoy. Cuando volvimos tu madre, tú y yo, pues tuvimos que estar por fuera mientras la señora hacía su trabajo, el ambiente del apartamento se sentía diferente. Digamos más espacioso (y los espacios amplios dan una sensación de placer, de comodidad, de distensión). Debo mencionar que toda la tarde tu abuelo se la pasó limpiando de arriba a abajo, y tu mamá sacó una cantidad de cosas que tenía amontonadas en la ducha que la habían hecho inutilizable, así que la causa física más lógica de este efecto era la organización y el aseo. 

Pero bueno, la señora nos preguntó: ¿Cómo sienten el apartamento? Y todos conectamos nuestro lenguaje, de una manera deliciosa he de decir, alrededor de los misterios espirituales, las energías y entidades metafísicas. Te lo digo de una vez, mi amor, ese tema es un caballito en el que la gente se monta para especular y, en el fondo, relacionarse con el otro, jugar con la palabra y la imaginación. 

Pues bien, la señora echó a la basura algunos de tus muñecos y nos prohibió recibir más. Argumentando que en ellos normalmente se alojan los espíritus. "¿Acaso -decía la señora- usted no ha visto las películas? Tanto que repiten esa historia, es porque tiene una carga de verdad", concluía. Nosotros asentíamos en silencio. Y después nos habló de posesiones demoníacas infantiles que había atendido y otros sucesos sobrenaturales. Amor mío, yo suelo ser pasivo y el truco (la inteligencia o intuición) está en saber cuándo utilizar esa pasividad y cuando neutralizarla, es decir, cuándo ser activo, intervenir, actuar, o protestar aunque no sepas el porqué (por eso digo intuición). 

Yo me quedé como un bobo (mudo e inhibiendo mis reacciones) cuando la señora dijo que no garantizaba su trabajo de "limpieza energética" en la casa hasta que no te bautizáramos. Que tú -sí, tú, mi amor-, serías una puerta de entrada para malos espíritus. Porque los espíritus quieren adueñarse de los niños... Amor... me siento tan ingenuo al recordar cómo me quedé mudo ante tales afirmaciones.

¿Es que acaso usted no es bautizado?, me preguntó la señora. Y le dije la verdad: no. Mi mamá nunca quiso meterme a un ritual del cual yo no sería consciente, ni me matricularía a una iglesia que yo no había elegido. La señora entonces se desvió a mis creencias y le dije que sí creía en un Dios, que todas las cosas para mí son Dios, son manifestaciones de la energía y tienen una armonía y una conexión y soy parte de esa energía y ella soy yo mismo. Siguieron hablando de lo importante del bautizo, porque por ahí no le fluía lo que querían justificar. Desvíos para no perder el hilo. Tu mamá entonces le preguntó a la señora si alguien más podía hacer el ritual de bautismo. Y la señora contestó que no, que los sacerdotes se preparan mucho para eso, que son meses y meses, etc. (Y ahora recuerdo la historia de Juan Bautista y me digo, ¡ché, boludo! Pero si Juan era autodidacta, no tenía una institución que le hubiera dado el título de bautista, ¡con birrete y salto triunfal a rodillas recogidas!). 

Luego, tu madre, convencida de que la opción era el bautismo, soltó una frase enigmática: "hagámoslo, Andrés, la niña no tiene por qué vivir cosas como las que yo viví de niña". ¿La habrá asustado su imaginación o acaso sus percepciones metafísicas? ¿Habrá sentido o visto presencias? Si tú llegas a experimentar algo así, mi amor, cuenta conmigo para desenmarañar los misterios. Iremos con amor y método hacia a ellos y entenderemos de qué se trata. El caso es que terminé por decir: "...pues yo no me opongo, bauticémosla".

Y así decidimos por ti: no la fe religiosa o la espiritualidad o tus creencias. Decidimos por ti una reunión social. Eso es todo lo que te vamos a hacer. Una reunión social con pinta de eucaristía (de misa, para que me entiendas). Un sacerdote, mi tío Pedro, que hizo su curso como sacerdote en Roma, con el papa Juan Pablo II, vendrá y nos explicará las responsabilidades de padres y padrinos y lo importante de los sacramentos, luego te ofrecerá a Dios, para que te reconozca y por último te echará agüita en la cabeza, para que el ritual tenga algo físico. (Nota posterior: te echó mucha, muuuucha agua).

Amor mío. La reunión social, el evento, nos está saliendo costosísimo. Jejeje. En eso no pensamos. En que no teníamos plata para esta pavada. Vamos a darles desayuno a los invitados y bueno, hasta ahora, como mínimo, el acto nos demandará 800.000 pesos. Te lo diré en otras palabras. Con esa plata, al valor de hoy, pudimos haberte comprado tres coches, o cuatro cunas, o diez saltadores (jumpers), o hubiéramos dado la cuota inicial de un carro o una moto. 

Esto es divertido, mi vida. Tus padres son unos bobotes. Y lo bueno, en general, es que la familia católica por parte de tu mamá está entusiasmada y feliz que te bendiga un sacerdote, vamos a tener una reunión donde tú serás, aparentemente, el eje, aunque cada uno estará en lo suyo. Eres la excusa de una celebración, mi amor. Pero para mí tú eres la celebración misma. Podré tenerte este sábado abrazada en otro entorno. Y en particular, mi amor, lo excelente, lo que me parece mejor de todo esto, es que vas a tener más familia tras este evento. 

Regine Lambertí y Andrés López, serán tus padrinos. Eso no tiene precio. Yo confío mucho en Andrés, y sé que aunque a veces mantenga en su mundo, y aún tiene mucho de adolescente a sus 19 años, te verá crecer y te ayudará y te querrá muchísimo. Y de Regine, ni hablar. Con decirte que ella lloró por lo mucho que significa que seas tú, la hija de su mejor amiga, su ahijada... Eso no tiene precio, mi amor, te quiere mucho y ya verás cómo más adelante serás feliz con estos dos familiares en tu vida. 

Te amo, mi amor. Y tu mami, y tus abuelos, y tus tíos. Y todos quienes estén allí serán mucha energía para ti. Me haces falta, morochita. Hoy, me dijo tu madre, creciste más. 




miércoles, 18 de septiembre de 2013

Mordelona

Te has vuelto mordelona. ¿Se podrá decir mordelona aunque no tengas dientes? Te chupas las manos y te gusta morder y chupar objetos. Algún psicólogo dirá que estás en la etapa oral. Pero desconfía de los psicólogos que etiquetan, que no consideran al ser humano frente a su circunstancia. Bueno, esto está complejo, pero sé que lo entenderás. Te lo pongo más claro con un ejemplo: por años dijimos que tu tía Chayi era malgeniada, y hoy es una mujer con muy buen humor. Simplemente era la circunstancia que vivía: no tenía un buen trabajo, no ganaba bien por lo tanto, se preocupaba en exceso por el orden, vivía inconforme y se alteraba de manera desmedida. Pero era esa la situación y uno de los efectos que tenía era su malgenio. Total, hoy es una mujer que siempre anda con una sonrisa, y si siente malgenio, lo expresa y punto, le pasa al momento. Clasificarla como neurótica o malhumorada sería definirla y la vida cambia todos los días un poquito. A veces más.

¿Para dónde iba? Ah, sí, que te has vuelto mordelona. Y me chupas la camiseta, y los dedos, y el brazo cuando te cargo. Me siento besado por ti. Me gusta sentir que esos son tus besitos. Aunque la verdad es que estás es gozando de las sensaciones de tu boca. Hoy quise tenerte cerca, pero tengo bastante trabajo de la u, así que tu abuelo te está cuidando. Admito que a veces, pocas veces, desconfío de tu abuelo. No porque te vaya a hacer daño o te descuide, sino porque creo que es impaciente cuando lloras y se azara, y no se da cuenta que debe estar tranquilo para calmarte pronto. Pero decido relajarme porque sé que te quiere y protege. Una mañana tu mamá y yo intentamos dejarte llorar hasta que recibieras tetero y tu abuelo vino y te arrebató de nosotros. "Se les acabó el experimentico", dijo. Y bueno, ya ves cómo no tolera que sufras ni un poquito. Por eso y porque es un bacán y un buen ser humano, lo quiero mucho.

Hermosa niña, necesito darte millones de abrazos y que me regales tus sonrisas y soniditos alegres. Que me dejes tus regalos intestinales para cambiarlos y que me dejes bañarte mucho, mucho tiempo. TE AMO Violeta.

Hoy te extraño mucho.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Cuando lloras

Violeta, comencemos por dejar algo claro, tú tienes dos tipos de llanto: durísimo, el primero, y mucho más duro, el segundo. Incluso te quedas seca, en un espasmo largo, y luego liberas todo el llanto desde el diafragma. Cualquiera pensaría que te golpeaste muy fuerte o que estás enferma. Como ayer... 


Tu mamá está trabajando desde la semana pasada dando clases de francés en la universidad Antonio Camacho. Mientras ella da clases, tú te quedas conmigo. El primer factor a tener en cuenta es que has dejado de recibirnos el tetero. Te pones histérica cuando intentamos que bebas leche de cualquiera de los 6 teteros que tienes. Tu mamá dijo: pues adaptémonos. Y no te volvimos a insistir. 

Resulta que para que llegues directa al sueño, tú sueles necesitar la teta. Y si no la tienes, bueno, armas el revolcón total. Te enojas porque no puedes dormir y ¡das unos conciertos! El primero lo tuve la semana pasada contigo. Lloraste cerca de diez minutos a todo pulmón. Yo traté de estar tranquilo, pues sabía que tenías sueño. Pero como estuvimos al interior de la universidad donde trabaja tu mamá, pues me azaraba un poco que tu llanto le trajera problemas. 



Hubo un momento donde no parecías tener consuelo e incluso llamé a tu mamá para que interrumpiera su clase y bajara a atenderte. Pero dos minutos después te calmaste. 

A ver te describo esto. Ya debes estar grandesita si sabes leer. Cuando tú lloras es como tener la sirena de una ambulancia en los brazos. ¿Me entiendes? Alarmas a todo el mundo, mi amor. Ayer no entré a la universidad previniendo un llanto de esos que te dan. Y dicho y hecho. Llegó un momento donde te desesperaste porque no podías dormir (el coche te es muy incómodo, hay que decirlo), y prendiste la sirena. ¡Por veinte minutos! De los edificios cercanos, se asomaba la gente a las ventanas para ver qué te pasaba. 

Yo estuve asombrosamente paciente, sabía que te calmarías en algún momento, que no era grave, pero seguías y seguías y la gente no puede concentrarse con un llanto así, de modo que unas personas de una oficina de viajes me ofrecieron su ayuda para calmarte. Y, bueno, tenías calor de tanto llorar, y te dejamos pelunchita. Y poco a poco te calmaste. ¡Qué alivio!

No te reclamo nada, amor mío. Cada cosa que tu haces en tu indefensión infantil y tu comportamiento es nuestra responsabilidad. Habrá que ver cómo hacer para que vuelvas a tomar tetero (para la sed y para el hambre) y habrá que ver cómo te ponemos a dormir más cómoda cuando tu mamita esté dictando clases. Hoy también voy a ir a cuidarte. Como yo tengo clase y tengo el tiempo justo para llegar a mi universidad, tu abuelo nos acompañará. De paso quiero estar ahí, porque sé que tu abuelo no tendría la paciencia para aguantar tu llanto, sin ayuda y en la calle. 

Te amo, vida mía. Deseo saber cómo atenderte cuando no esté tu mami y espero que tu mami nos colabore a quienes no lactamos para poder cuidarte.


Un abrazo fuertísimo, mi amor.

sábado, 7 de septiembre de 2013

La familia Acosta



También es nuestra familia, Violeta. Son muchos para nombrártelos aquí, además, leyendo los nombres nunca los reconocerás. Lo que debes saber es que siempre han sido una bendición, una sonrisa, una recocha y un apoyo. Has tenido sus regalitos y además están ansiosos por conocerte. Hasta ahora solo te ha visto Chayi y la Abuela Rosita (que es una belleza, como tú, aunque con más arruguitas). 

Espero poder viajar contigo pronto a Popayán, donde viven la mayoría y presentártelos. Verás cómo te querrán, hija mía. 

Te Abrazo.

jueves, 5 de septiembre de 2013

Cuatro meses




"Se me ocurre que la vida deberíamos celebrarla a cada instante". 


Eso es lo que pienso desde que estás conmigo, Violeta. Hoy ya tienes cuatro mesesitos y quiero decirte que celebro los meses, los días, las horas, los microsegundos desde que llegaste a sonreír frente a mí. 

Me siento agradecido con todo lo que compone este universo, toda la materia, toda la energía, porque estás conmigo, porque de alguna manera me elegiste a mí como tu padre, así como elegiste el lugar, el momento, tu madre, tu familia, tu salud y tu cuerpo. 

Gracias por haber llegado, Violeta.