sábado, 16 de agosto de 2014

Cien palabras por una imagen

Hoy nos sentamos en la silla mecedora. Primero me senté yo, luego te alcé y senté sobre mí, con tu cabeza justo debajo de mi barbilla, mirando hacia el frente. Empujé la silla con los pies y los levanté del suelo. Comenzó su suave vaivén. La imagen es la siguiente. Bajé la mirada y vi tu cabeza en primer lugar, con tu cabello despeinado y muy negro, cubriendo circularmente la mitad de la imagen. Luego tus pequeños pies, juntos por los empeines, haciendo una cuña entre mis muslos para calentarse. Al final mis pies grandes, descalzos e inmóviles, con el fondo subiendo y bajando al ritmo de la silla. Tu cabeza de cabellos negros, tus pies en mi entrepierna, mis pies y el movimiento de la silla.

Un rato después tu cabeza se ladeó sobre mi pecho: te quedaste dormida. 


martes, 12 de agosto de 2014

Tu primera caminata


Habías cumplido un año. Teníamos, tu madre y yo, una serie de quejas de nuestros familiares porque no caminabas. ¡Por Zeus! Estábamos hasta la coronilla de que colocaran como algo anormal o incluso como si se tratara de una enfermedad el que no caminaras. "¡Tiene un año, ya debería caminar!". Armados de paciencia... no armados... más bien dotados de algodones de paciencia para que no se nos salieran las espinas del enojo, explicábamos que era tu proceso, que no existía una fecha normal para que caminaras, que esperaríamos a cuando tú te sintieras segura...

Ya dabas "solitos" o pequeñas caminatas sin apoyo. ¡Cerrabas los ojos, amor! Jajaja. Como si te fueras a estrellar con algo. Al tiempo te llenabas de emoción y dabas gritos de vértigo al verte dando media docena de pasitos por tu propia cuenta.




Y una mañana, sin que nadie te lo pidiera, decidiste explorar toda la casa erguida y caminando sobre tus pies. Tu mamá y yo callábamos. Queríamos darte ese placer sin barullo que te hiciera sentir rara. Qué alegría fue verte caminar. Y poderte grabar... ni se diga.



Tu abuelo sacó gusto de tu caminado y decidió jugar a la muñequita de cuerda...



Esto (escribir y recordar) es lo que hago cuando no puedo estar contigo. Te llevo siempre en mi pensamiento. (Estoy escribiendo el primer libro de mi carrera como escritor profesional, por eso mi corto aislamiento proentrega). Te amo.

sábado, 2 de agosto de 2014

Dos padres

No quiero decir con esto mi amor que existan en verdad dos padres en mí. Es solo una metáfora de un estado anímico y actitudinal.

Siento a veces dos padres en mí. Uno que está contigo y goza de la vida contigo, sin preocuparse por los minutos o alguna otra cosa que no sea que tú estés bien. El otro se aleja un poco y busca en su cabeza agendar el tiempo para poder cumplir con las tareas que hay por hacer. Tareas propias y tareas económicas para tu sustento y el mío (no dejo de lado a tu mamá, aunque en la frase la palabra madre quede a un lado por las palabras de lado y una separación de espacios... lo reescribiré entonces: para nuestro sustento familiar).

Hay un padre que sale a trabajar contento y confía y espera ver pronto a su hija y ver a los suyos, incluyendo a tu madre, prósperos y en buena salud. Se va de casa pensando que Dios no te pudo haber colocado en mejores manos que las de esta familia. Pero hay otro papá que es más posesivo y ogro y sale a trabajar con entusiasmo pero guardando una mancha oscura de negativismo en su interior, y de alguna u otra forma piensa que te tienen como el niño de la foto de arriba. Como si te fueran a dañar con sus ideas de crianza o disposición actitudinal para contigo.

Me explico. No todos tienen igual disposición o recepción de tu presencia: en casa de tus abuelos eres "una muñeca", en casa de tu abuela eres "una princesa", en manos de otros familiares eres "una bebita hermosa", en manos de tu tío eres "un chiste" bello, en manos de conocidos eres "hola bebecita, ¿cómo tas?". Y te tratan como tal, no es un apodo cariñoso, como te dicen te ven y te tratan, de porcelana si eres muñeca, de ser atendida sin darte un segundo de respiro si eres princesa, como una caricatura de bebé si eres una bebesita hermosa no más.

En nuestra casa, tu mamá y yo te vemos a los ojos, y creo que procuramos observar todo el espíritu que hay dentro de tu cuerpo... Te tratamos como a un espíritu en un cuerpo pequeño. Toda la presencia que emanas la respetamos y te tratamos como a una niña en crecimiento estrictamente en lo físico, porque a tu presencia la tratamos como algo real y proyectado desde tu interior, que no se alcanza a atrapar por tus ropas color pastel y los tratos artificiales o con ideas de "solo es una bebé" en la cabeza. (Fin de la explicación).

Un papá es gozón y el otro medio amargado.
Uno es alegre y confiado, el otro es controlador y ansioso por "tanto hay que hacer".
Uno decide pensar: todos los que están alrededor los escogió Violeta para su existencia, el otro decide tomar una actitud recelosa, proteccionista y sobreprotectora.

Me gusta más el papá feliz. Busco un equilibrio. Así que haz de perdonarme si esto se me olvida alguna vez en el futuro. (Cuando, por ejemplo, comiences a llegar tarde a casa o decidas tener novio o tengas creencias distintas a las mías o decidas usar tu libertad –aunque esto tendrá salvedades, jovencita, jejejeje–. Creo que en el fondo tú te atreverás a cosas que muchos nunca, por el solo hecho de no tener miedo a hacerlo. Si me ves alguna vez con miedo, despabílame. Dime que la intervención no es mi tarea. Que mi única tarea contigo es cumplirla. Mándame a ver a Osho. Déjame el espíritu sano y ve en paz, con la bendición del universo). (Bueno, eso suena hippie-zen, pero si llego a ser asfixiante, ponme a meditar. Quiero hacerlo de la mejor manera, cariño).

Ya me cansé por hoy.
Se despide, tu papá feliz.