No quiero decir con esto mi amor que existan en verdad dos padres en mí. Es solo una metáfora de un estado anímico y actitudinal.
Siento a veces dos padres en mí. Uno que está contigo y goza de la vida contigo, sin preocuparse por los minutos o alguna otra cosa que no sea que tú estés bien. El otro se aleja un poco y busca en su cabeza agendar el tiempo para poder cumplir con las tareas que hay por hacer. Tareas propias y tareas económicas para tu sustento y el mío (no dejo de lado a tu mamá, aunque en la frase la palabra madre quede a un lado por las palabras de lado y una separación de espacios... lo reescribiré entonces: para nuestro sustento familiar).
Hay un padre que sale a trabajar contento y confía y espera ver pronto a su hija y ver a los suyos, incluyendo a tu madre, prósperos y en buena salud. Se va de casa pensando que Dios no te pudo haber colocado en mejores manos que las de esta familia. Pero hay otro papá que es más posesivo y ogro y sale a trabajar con entusiasmo pero guardando una mancha oscura de negativismo en su interior, y de alguna u otra forma piensa que te tienen como el niño de la foto de arriba. Como si te fueran a dañar con sus ideas de crianza o disposición actitudinal para contigo.
Me explico. No todos tienen igual disposición o recepción de tu presencia: en casa de tus abuelos eres "una muñeca", en casa de tu abuela eres "una princesa", en manos de otros familiares eres "una bebita hermosa", en manos de tu tío eres "un chiste" bello, en manos de conocidos eres "hola bebecita, ¿cómo tas?". Y te tratan como tal, no es un apodo cariñoso, como te dicen te ven y te tratan, de porcelana si eres muñeca, de ser atendida sin darte un segundo de respiro si eres princesa, como una caricatura de bebé si eres una bebesita hermosa no más.
En nuestra casa, tu mamá y yo te vemos a los ojos, y creo que procuramos observar todo el espíritu que hay dentro de tu cuerpo... Te tratamos como a un espíritu en un cuerpo pequeño. Toda la presencia que emanas la respetamos y te tratamos como a una niña en crecimiento estrictamente en lo físico, porque a tu presencia la tratamos como algo real y proyectado desde tu interior, que no se alcanza a atrapar por tus ropas color pastel y los tratos artificiales o con ideas de "solo es una bebé" en la cabeza. (Fin de la explicación).
Un papá es gozón y el otro medio amargado.
Uno es alegre y confiado, el otro es controlador y ansioso por "tanto hay que hacer".
Uno decide pensar: todos los que están alrededor los escogió Violeta para su existencia, el otro decide tomar una actitud recelosa, proteccionista y sobreprotectora.
Me gusta más el papá feliz. Busco un equilibrio. Así que haz de perdonarme si esto se me olvida alguna vez en el futuro. (Cuando, por ejemplo, comiences a llegar tarde a casa o decidas tener novio o tengas creencias distintas a las mías o decidas usar tu libertad –aunque esto tendrá salvedades, jovencita, jejejeje–. Creo que en el fondo tú te atreverás a cosas que muchos nunca, por el solo hecho de no tener miedo a hacerlo. Si me ves alguna vez con miedo, despabílame. Dime que la intervención no es mi tarea. Que mi única tarea contigo es cumplirla. Mándame a ver a Osho. Déjame el espíritu sano y ve en paz, con la bendición del universo). (Bueno, eso suena hippie-zen, pero si llego a ser asfixiante, ponme a meditar. Quiero hacerlo de la mejor manera, cariño).
Ya me cansé por hoy.
Se despide, tu papá feliz.