domingo, 10 de diciembre de 2023

Palabras para Violeta

 Tú no puedes volver atrás

porque la vida ya te empuja

como un aullido interminable.


Hija mía es mejor vivir

con la alegría de los hombres

que llorar ante el muro ciego.


Te sentirás acorralada

te sentirás perdida o sola

tal vez querrás no haber nacido.


Yo sé muy bien que te dirán

que la vida no tiene objeto

que es un asunto desgraciado.


Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.


La vida es bella, ya verás

como a pesar de los pesares

tendrás amigos, tendrás amor.


Un hombre solo, una mujer

así tomados, de uno en uno

son como polvo, no son nada.


Pero yo cuando te hablo a ti

cuando te escribo estas palabras

pienso también en otra gente.


Tu destino está en los demás

tu futuro es tu propia vida

tu dignidad es la de todos.


Otros esperan que resistas

que les ayude tu alegría

tu canción entre sus canciones.


Entonces siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.


Nunca te entregues ni te apartes

junto al camino, nunca digas

no puedo más y aquí me quedo.


La vida es bella, tú verás

como a pesar de los pesares

tendrás amor, tendrás amigos.


Por lo demás no hay elección

y este mundo tal como es

será todo tu patrimonio.


Perdóname no sé decirte

nada más pero tú comprende

que yo aún estoy en el camino.


Y siempre siempre acuérdate

de lo que un día yo escribí

pensando en ti como ahora pienso.


Palabras para Julia, de José Agustín Goytisolo

domingo, 30 de julio de 2017

Nostalgia Violeta


Esta foto tuya y mía me causa nostalgia.
Pero es linda foto, no creas.
Es solo que recuerdo los momentos que te he cargado y cómo has ido creciendo literalmente en mis brazos.
Me da una sensación mortal del tiempo.
Noto cómo avanza y cómo vamos cambiando.

Si pudiera hacer un video de cómo lo veo, serías tú abarcando apenas mi antebrazo, con pelo corto,
piernitas cortas y regordetas.


En la siguiente imagen, tú de nuevo, con el pelo más largo.
Ahora debo cargarte con ambos brazos y ya tus manos saben prenderse a mi cuello.
Ahora sabes mantener tu cabeza erguida
y das un repaso atento alrededor del espacio para reconocerlo.

Después creces un poco más, 
cada vez puedo cargarte menos tiempo de seguido
Y sin embargo ahora ya te ayudas, 
de hecho digo a la una, a las dos, a las tres, ¡koala!
y te suelto por completo de mis brazos:
tú te quedas prendida como un koala a su bambú.
Sabes sostenerte con tu propia fuerza, 
y te ríes, retándote a durar,
hasta que llega el punto donde dices: 

-Papi, ya no puedo más. 

"Entonces la vuelvo a tomar y celebro la fuerza de sus brazos, 
me asombro de ella y la admiro", diría, 
como si fuera una ficción 
pero sí, aquí estás, como la vida misma.

Entonces no solo te cargo, sino que te abrazo, 
y siento el cómodo calorsito en el pecho 
al que también le decimos felicidad. 

Después, en otra imagen, 
duermes con la cabeza posada en mi hombro.
Las puntas de tus tenis ya llegan a mi cadera; 
has crecido más y ahora solo puedo cargarte
entrelazando mis brazos por debajo de tus muslos.

Ahora podemos hablar mirándonos a los ojos 
y tú me puedes tomar de la cara lo mismo para darme un beso 
que para voltearme de la barbilla y decirme:

-Papi, escúchame bien, primero vamos a comprar huevos Kinder y después sí vamos a tu trabajo. 

A lo que yo río y respondo:

-No, primero vamos a mi trabajo para que me paguen y luego sí, con esa plata, vamos a comprar tus huevos Kinder. 

Ah, nostalgia violeta.
Nostalgia de ti, Violeta.

Pronto no podré cargarte de igual manera y está bien:
ya te cargaré haciendo piruetas de tango
o contact o barras o flexiones de pecho.

Eso sí, me queda una doble llama en el corazón:
una fría y otra ardiente.

La fría
del pasado que se fuga, 
de las sensaciones irrepetibles que se marchan, 
de las emociones que solo se estrenan una vez.

La ardiente, 
la del presente que abrasa, 
la que sigue recibiendo abrazos de diminutos brazos.
La de mis brazos que te sostienen,
la de los juegos con fuerza de nuestros brazos,
la de la fuerza que protege en brazos 
mientras dura el juego de la infancia,
la que duerme abrazando aún 
noche a noche 
sin tiempo suficiente.

Esa misma que en las mañanas se despierta con ataque ninja
de juguetones brazos y risas.

Violeta:
Ya no puedo dormir contigo sobre mi pecho como antes, 
como cuando eras un pichoncito en pañales.
Ahora disfruto al verte correr, 
verte trepar como mico alegre,
verte rodar como erizo,
verte saltar como conejo en trampolín,
verte sostenida por tus manos como monje chaolin,  
ver, en general, 
todas las destrezas físicas que tienes,
y también las interiores
como el poco miedo para lanzarte a las piruetas,
la seguridad de tu voz,
y la facilidad espiritual que tienes para bailar...
Y cuando digo para bailar lo digo sin normas de género musical, 
bailas como sientes, 
con los pasos a tu manera, 
con plena libertad
que es la danza en forma pura. 

En ti eso es una lección: los miedos se aprenden:
y tú has aprendido muy pocos, Violeta. 
Tienes un ritmo propio, claro, como todos. 
Aprendes por peldaños. 
Algunas veces te cuesta dar el primer paso, 
otras veces ni te lo piensas.

Pero cuánto te atreves
respecto a cuánto no te atreves,
es la proporción que define tu valentía.
Y es lo que admiro de ti.

Creces, y creo que es hora, por hoy, de dejar de escribir, 
debo hacer flexiones de pecho y barras por ti,
para mantener la fuerza, adentro y afuera,
en cuerpo y espíritu, en todos los aspectos.
para mantener vivas las posibilidades de cargarte.
para que en cualquier instancia podamos seguir jugando,
con tus fuerzas, con las mías,
para seguir sintiendo ese cómodo calorsito en el pecho 
al que también le llamamos felicidad.

Te amo.

martes, 23 de mayo de 2017

A la distancia

No es la primera vez que nos separamos, amor. Pero sí es la primera vez que yo no sé si volveré a la ciudad donde vives. Van casi tres semanas de mi estancia en Bogotá y me ha sido difícil dejar de percibir tu energía, tu ánimo, tu manera de retarme a moverme más por ti, por mí. 

Es importante esto: aceptar la vida con un hijo es aceptar la vida al máximo de sus dificultades y placeres. Ambos, porque así como ha sido difícil armar un hogar para ti, también ha sido fácil notar que cada esfuerzo invertido vale la pena. Creces, hija, y no estar junto a ti me hace pensar en lo rápido que creces y aprendes. Creces, hija, y yo te extraño y casi puedo imaginarme qué estás haciendo en este momento: duermes, duermes, negrita, y yo he solido dormirte casi todos los días de tu vida, cantando, duerme, duerme, negrita. 

Perdona la melancolía y la dispersión. 

Hoy te extraño. 
Y mucho. 

Att: Papá.

.
Esto es para ti, Violeta

lunes, 21 de noviembre de 2016

La descripción física

De tu nuevo colegio, el Luis Horacio Gómez, nos envían algunos trabajos como padres. El primero es un ejercicio de descripción física y objetiva de tu cuerpo.

Descripción de cabeza a pies. 

La cabeza de Violeta es redonda y un tanto ancha en la parte occipital. El cabello es negro, lacio, semiondulado en las puntas y arroja algunos visos castaños; el largo le llega a la mitad de la espalda y usa un capul que alcanza a tocar debajo de las cejas. Las cejas de violeta son anchas, rectas y poco pobladas. Si uno se fija detenidamente, los pelitos de las cejas hacen puente sobre su nariz. Sus ojos son ovalados y rasgados, de color café y pestañas cortas. Tiene unas ojeras leves. La nariz es redonda, un tanto achatada. La boca es de labios delgados. Tiene los dientes blancos y un tanto separados entre sí. Su rostro es ovalado, en las mejillas se le dibujan dos hoyuelos cuando ríe y en el mentón tiene dos lunares pequeños. Sus orejas son pequeñas y un tanto salidas. Su voz, para ser niña, es un tanto grave. Habla con claridad la mayoría de sus palabras. A veces usa una muletilla al hablar, sobre todo cuando juega y da indicaciones, en esos momentos cada frase la termina diciendo: “¿okey?”. 

El cuerpo de Violeta en general es delgado y alargado. Tiene condiciones de hiperelasticidad Sin 
cicatrices. La curvatura de su panza sobresale un poco a su esternón. Sus manos son de dedos alargados y palmas rectangulares. Sus uñas son cortas y semicuadradas. En la espalda tiene vellitos y en el centro le forman un remolino. La cadera es proporcional a su cuerpo. La vagina tiene el mismo color del cuerpo y sus labios menores son muy delgados. Las nalgas son redondas y pequeñas. Las pantorrillas son firmes, las rodillas un tanto cuadradas y en las canillas tiene algunos morados. Los pies son pequeños. Calza 24. Camina con los pies un poquito hacia adentro. Cuando corre con fuerza le gusta empuñar las manos y elevarlas a cada paso, de modo que los puños casi le llegan a la cabeza. 

jueves, 7 de abril de 2016

Cansancio

Al final de la noche, ya en la cama, tú me evitabas y solo querías estar acostada junto a tu madre. Yo también te evitaba y me fui a leer a la sala, en el primer piso. Leí un par de capítulos de un libro hasta que me relajé. Subí, me acosté al lado de ustedes y tú todavía rehuías a mi contacto. Le dije a tu mamá:

—Yo entiendo, debe estar harta de mí.
—¿Y por qué?
—Porque yo también lo estoy de ella... A esta hora ya estamos cansados el uno del otro.

A tu mamá le causó tanta risa lo que dije, no sé por qué, tal vez por como lo dije, y a mí también me dio tanta risa lo dicho por su sinceridad enorme, que nuestras risas se unieron y pedalearon mutuamente hasta que se hicieron contagiosas y tú, que empezabas a dormir, comenzaste a reír con nosotros.

Estiré mi mano y te dije:


—La paz, Violeta.

Me diste tu manita leve y la agité, aunque tú, al parecer, no entendías muy bien el concepto del gesto. Sin embargo, poco a poco te fuiste corriendo en la cama, como un gusano, hasta llegar junto a mí. Entonces me diste un abrazo feliz, un abrazo de reconciliación.

Ah, amor... nos cansaremos el uno del otro las mismas veces que nos reconciliemos para vivir un alegre presente. Te amo.

sábado, 2 de abril de 2016

Bullying a papá

—Papá, te vas a quedar calvo (risas).
—Y tú te vas a quedar mueca.
—Sí, con dos dientes.
—No, con ninguno.
—Y tú te vas a quedar calvo (risas).



"Nuestra peculiar condición es que estamos hechos lo mismo para que se rían de nosotros como para reír".

—Montaigne.