No es la primera vez que nos separamos, amor. Pero sí es la primera vez que yo no sé si volveré a la ciudad donde vives. Van casi tres semanas de mi estancia en Bogotá y me ha sido difícil dejar de percibir tu energía, tu ánimo, tu manera de retarme a moverme más por ti, por mí.
Es importante esto: aceptar la vida con un hijo es aceptar la vida al máximo de sus dificultades y placeres. Ambos, porque así como ha sido difícil armar un hogar para ti, también ha sido fácil notar que cada esfuerzo invertido vale la pena. Creces, hija, y no estar junto a ti me hace pensar en lo rápido que creces y aprendes. Creces, hija, y yo te extraño y casi puedo imaginarme qué estás haciendo en este momento: duermes, duermes, negrita, y yo he solido dormirte casi todos los días de tu vida, cantando, duerme, duerme, negrita.
Perdona la melancolía y la dispersión.
Hoy te extraño.
Y mucho.
Att: Papá.
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Esto es para ti, Violeta
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