A los 26, cuando salí de mi casa para ser independiente, me sentía muy entusiasmado: por fin iba a seguir el camino que yo tanto soñaba: la escritura profesional, el tango y valerme por mis propias fuerzas y recursos. Cuando cumplí 27 años me sentía orgulloso de haber empezado ese camino y, aunque de forma muy sencilla, fue realmente un cumpleaños feliz.
Cuando llegaste tú, se me plantearon nuevas incógnitas para resolver: tu salud, tu hogar, tu alimentación, tu educación...Todo esto, con una carrera recién empezada y no muy estable como escritor, se me hacía difícil de resolver. Cuando estaba solo, no me preocupaba. Pero contigo era diferente. Entonces decidí aceptar la ayuda de la familia para terminar de estudiar y resolver parte de los gastos que se avecinaban. Hoy, cuando cumplo treinta, aún me ayudan y no me siento nada orgulloso de eso. La verdad, amor mío, me amarga. No era como yo me veía. En mis ideales estaba sostenerme y sostenerte y sostenernos (ahora que somos tres) con mis propias fuerzas. Un asunto de orgullo, un asunto de mi deber ser, de mis sueños.
En todo caso, me consuela que gracias al apoyo familiar tú tienes beneficios que quizá si hubiera decidido el camino "por mi propia cuenta" ahora no tendrías. Ahora mismo estás en clase de gimnasia. Acabas de salir de una gripa a la que le realizamos mil exámenes porque entre todos somos un poco alarmistas con tu salud. Vas con una trusa de gimnasia nueva y pronto volverás al jardín infantil privado para seguir aprendiendo nuevas cosas. Sin contar que tienes una casa enorme y mucha ropa y juguetes.
Por ti y para ti, vale la pena. Esta última frase dicha literalmente, palabra por palabra.
En todo caso, me consuela que gracias al apoyo familiar tú tienes beneficios que quizá si hubiera decidido el camino "por mi propia cuenta" ahora no tendrías. Ahora mismo estás en clase de gimnasia. Acabas de salir de una gripa a la que le realizamos mil exámenes porque entre todos somos un poco alarmistas con tu salud. Vas con una trusa de gimnasia nueva y pronto volverás al jardín infantil privado para seguir aprendiendo nuevas cosas. Sin contar que tienes una casa enorme y mucha ropa y juguetes.
Por ti y para ti, vale la pena. Esta última frase dicha literalmente, palabra por palabra.
Feliz cumpleaños a mí.
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