sábado, 19 de septiembre de 2015

Una broma

Eran las cinco de la tarde —normalmente sales de la guardería a las 12:30pm—:

—Hola, ¿ya estás con la niña?
—No, ¿tú no habías quedado en recogerla?
—¡¿Cómo así?! En eso no habíamos quedado.
—¿No estará con tu papá?
—Nooo, yo le dije que tú ibas. ¡Cómo me hacés esto, Andrés!

Y tu mamá colgó antes de que le dijera que era una broma. Salió a toda prisa de su salón en la universidad y, llorando, tomó un taxi hasta tu jardín. Yo imagino que llegó con los ojos rojos y la nariz agüada, la voz temblorosa y le preguntó a las profesoras:

—¿Y Violeta?
—El papá se la llevó a la una.
—No puede ser, acabo de hablar con él y me dice que no está con ella.
—Si gusta lo puede llamar de mi celular.

Entonces se dio cuenta de mi broma y sin que terminara de contarle me colgó. Cuando devolvió el celular, notó sonrisitas de burla en las caras de las profesoras. Y a tu mami le tocó devolverse en el taxi hasta donde su papá para que le prestara plata para pagarlo. Después yo le devolví la plata. La broma me salió cara.

En todo caso, tu mami va a recordar siempre que nunca me olvidaría de ti. 

Una definición

—¿Sabes qué es ser independiente? —te pregunté hace un par de noches, mientras te contaba un cuento.
—No, papá.
—Ser valiente cuando se está solo —contesté.

El cuento se trataba de una niña que no debía llorar porque el papá no estaba con ella ahí, en el mismo cuarto.

Cumpleaños de papá

A los 26, cuando salí de mi casa para ser independiente, me sentía muy entusiasmado: por fin iba a seguir el camino que yo tanto soñaba: la escritura profesional, el tango y valerme por mis propias fuerzas y recursos. Cuando cumplí 27 años me sentía orgulloso de haber empezado ese camino y, aunque de forma muy sencilla, fue realmente un cumpleaños feliz. 

Cuando llegaste tú, se me plantearon nuevas incógnitas para resolver: tu salud, tu hogar, tu alimentación, tu educación...Todo esto, con una carrera recién empezada y no muy estable como escritor, se me hacía difícil de resolver. Cuando estaba solo, no me preocupaba. Pero contigo  era diferente. Entonces decidí aceptar la ayuda de la familia para terminar de estudiar y resolver parte de los gastos que se avecinaban. Hoy, cuando cumplo treinta, aún me ayudan y no me siento nada orgulloso de eso. La verdad, amor mío, me amarga. No era como yo me veía. En mis ideales estaba sostenerme y sostenerte y sostenernos (ahora que somos tres) con mis propias fuerzas. Un asunto de orgullo, un asunto de mi deber ser, de mis sueños.

En todo caso, me consuela que gracias al apoyo familiar tú tienes beneficios que quizá si hubiera decidido el camino "por mi propia cuenta" ahora no tendrías. Ahora mismo estás en clase de gimnasia. Acabas de salir de una gripa a la que le realizamos mil exámenes porque entre todos somos un poco alarmistas con tu salud. Vas con una trusa de gimnasia nueva y pronto volverás al jardín infantil privado para seguir aprendiendo nuevas cosas. Sin contar que tienes una casa enorme y mucha ropa y juguetes.

Por ti y para ti, vale la pena. Esta última frase dicha literalmente, palabra por palabra. 
Feliz cumpleaños a mí.