domingo, 30 de julio de 2017

Nostalgia Violeta


Esta foto tuya y mía me causa nostalgia.
Pero es linda foto, no creas.
Es solo que recuerdo los momentos que te he cargado y cómo has ido creciendo literalmente en mis brazos.
Me da una sensación mortal del tiempo.
Noto cómo avanza y cómo vamos cambiando.

Si pudiera hacer un video de cómo lo veo, serías tú abarcando apenas mi antebrazo, con pelo corto,
piernitas cortas y regordetas.


En la siguiente imagen, tú de nuevo, con el pelo más largo.
Ahora debo cargarte con ambos brazos y ya tus manos saben prenderse a mi cuello.
Ahora sabes mantener tu cabeza erguida
y das un repaso atento alrededor del espacio para reconocerlo.

Después creces un poco más, 
cada vez puedo cargarte menos tiempo de seguido
Y sin embargo ahora ya te ayudas, 
de hecho digo a la una, a las dos, a las tres, ¡koala!
y te suelto por completo de mis brazos:
tú te quedas prendida como un koala a su bambú.
Sabes sostenerte con tu propia fuerza, 
y te ríes, retándote a durar,
hasta que llega el punto donde dices: 

-Papi, ya no puedo más. 

"Entonces la vuelvo a tomar y celebro la fuerza de sus brazos, 
me asombro de ella y la admiro", diría, 
como si fuera una ficción 
pero sí, aquí estás, como la vida misma.

Entonces no solo te cargo, sino que te abrazo, 
y siento el cómodo calorsito en el pecho 
al que también le decimos felicidad. 

Después, en otra imagen, 
duermes con la cabeza posada en mi hombro.
Las puntas de tus tenis ya llegan a mi cadera; 
has crecido más y ahora solo puedo cargarte
entrelazando mis brazos por debajo de tus muslos.

Ahora podemos hablar mirándonos a los ojos 
y tú me puedes tomar de la cara lo mismo para darme un beso 
que para voltearme de la barbilla y decirme:

-Papi, escúchame bien, primero vamos a comprar huevos Kinder y después sí vamos a tu trabajo. 

A lo que yo río y respondo:

-No, primero vamos a mi trabajo para que me paguen y luego sí, con esa plata, vamos a comprar tus huevos Kinder. 

Ah, nostalgia violeta.
Nostalgia de ti, Violeta.

Pronto no podré cargarte de igual manera y está bien:
ya te cargaré haciendo piruetas de tango
o contact o barras o flexiones de pecho.

Eso sí, me queda una doble llama en el corazón:
una fría y otra ardiente.

La fría
del pasado que se fuga, 
de las sensaciones irrepetibles que se marchan, 
de las emociones que solo se estrenan una vez.

La ardiente, 
la del presente que abrasa, 
la que sigue recibiendo abrazos de diminutos brazos.
La de mis brazos que te sostienen,
la de los juegos con fuerza de nuestros brazos,
la de la fuerza que protege en brazos 
mientras dura el juego de la infancia,
la que duerme abrazando aún 
noche a noche 
sin tiempo suficiente.

Esa misma que en las mañanas se despierta con ataque ninja
de juguetones brazos y risas.

Violeta:
Ya no puedo dormir contigo sobre mi pecho como antes, 
como cuando eras un pichoncito en pañales.
Ahora disfruto al verte correr, 
verte trepar como mico alegre,
verte rodar como erizo,
verte saltar como conejo en trampolín,
verte sostenida por tus manos como monje chaolin,  
ver, en general, 
todas las destrezas físicas que tienes,
y también las interiores
como el poco miedo para lanzarte a las piruetas,
la seguridad de tu voz,
y la facilidad espiritual que tienes para bailar...
Y cuando digo para bailar lo digo sin normas de género musical, 
bailas como sientes, 
con los pasos a tu manera, 
con plena libertad
que es la danza en forma pura. 

En ti eso es una lección: los miedos se aprenden:
y tú has aprendido muy pocos, Violeta. 
Tienes un ritmo propio, claro, como todos. 
Aprendes por peldaños. 
Algunas veces te cuesta dar el primer paso, 
otras veces ni te lo piensas.

Pero cuánto te atreves
respecto a cuánto no te atreves,
es la proporción que define tu valentía.
Y es lo que admiro de ti.

Creces, y creo que es hora, por hoy, de dejar de escribir, 
debo hacer flexiones de pecho y barras por ti,
para mantener la fuerza, adentro y afuera,
en cuerpo y espíritu, en todos los aspectos.
para mantener vivas las posibilidades de cargarte.
para que en cualquier instancia podamos seguir jugando,
con tus fuerzas, con las mías,
para seguir sintiendo ese cómodo calorsito en el pecho 
al que también le llamamos felicidad.

Te amo.