Así como lo ves. Tus papás radiantes a nivel Chernóbil o Japón (accidentes en silos nucleares donde hubo derrame de sustancias radiactivas en el ambiente llegando a cubrir kilómetros y kilómetros que afectaron negativamente todo a la redonda; salvo, claro, que nosotros sentimos que nuestras sonrisas afectan positivamente todo nuestro alrededor. El núcleo de uranio enriquecido, princesa, ese núcleo eres tú. Nosotros somos las sonrisas-ondas radiactivas de alta frecuencia arrolladora. Hasta en el MIO, un bus azul repleto de gente en un calor mezclado de olores raros y batidos de licuadora entre paradas secas y curvas mal tomadas, tú afectas a la gente alrededor, buscándole una sonrisa o mirándolos fijamente, con interés auténtico y seguro, y todo el mundo termina comentando tu carisma, te busca juego y tu concedes en actitud risueña -eso cuando te dejan la iniciativa, de lo contrario, si te buscan juego de la nada, sospechas con una mirada inteligente y escrutadora, jejejeje-) (Sigo.) Tú eres la que menos entiendes de toda esta algarabía alrededor tuyo, pero está bien. Estamos todos locos por tu cumpleaños. Tu familia te ama y te organiza estas cosas para demostrarte que están felices de que el sol haya girado trescientos sesenta y cinco días, y tú nos hayas acompañado durante ese tiempo.
Ha sido maravilloso, amor mío. Yo estuve un poco asustado pues recientemente se disolvió la relación entre tu mamá y yo. Cosas naturales, amor. Seguimos siendo amigos ella y yo, y padres unidos para organizar el cerebro, hígado, estómago y corazón de tu crianza. Tu mamá dijo unas palabras muy bonitas que terminaban: "...para que Violeta se mantenga feliz". De eso se trata tu cumpleaños, mi amor, y cada día. De que seas feliz en esta frecuencia, en este planeta, en esta ciudad, a nuestro cargo. Te amo, Violeta. Feliz cumpleaños.
